





Luces de neón, escenario circense de payasos sin caretas bailando una melodía desafinada, el llanto de una caja de música subida en una de sus bicicletas. Adornaban así el cielo, cielo gris de la tos de los gigantes, de su aliento a tabaco con sus aros de cebolla y estornudos de pólvora después de un cañonazo. Goteras en los tejados del que resbalan los gatos como gotas negras de petróleo, deslizándose hasta las alcantarillas en busca de golosinas, verdes y con moscas son los manjares que destilan ese aroma característico del caldero de las brujas.
Nunca supo determinar si las 4 de la madrugada era demasiado tarde o demasiado temprano.
Cucarachas se movían al compás de sus zapatos y ella cantaba algo, triste y extraño, era la melodía de una vieja caja de música que un payaso se llevó en su bicicleta. Era la hora del té.
Es por todos conocido que a la hora del té todo se detiene, como debe ser. La cortesía y los lunares, las pelucas y la buena educación, hacen gala con su presencia y hasta el tirano más tirano, sí, ese que no conoce la palabra felicidad, hasta ese deja de lado el sarcasmo mientras echa con elegancia un terrón en su tacita.
Y, con paso raudo y bailarín, ella se dirige al punto de encuentro, a cinco minutos de las 4, para no llegar tarde a la mesita redonda de tacitas de porcelana, con su tetera de flores y las cucharillas de plata.
Algo distinto a las pociones de bruja alienta su olfato, raspaduras de chocolate blanco, virutas de clavo, hiervas aromáticas, ya ha llegado. Una serpentina de colores sale curiosa de una tetera, se la lleva a la boca, y por fin la luna con forma de cuna se asoma.
Sus ojos no dejan de reírse y ella coge un pincel para pintarse las mejillas, ya de paso pinta el cielo, porque no le gusta ese color tan feo, mejor sería azul oscuro y después pintar muchos, muchos luceros.
Pero si a esa hora nadie toma el té es que todo esto es un sueño, sus mejillas ya pintadas se destiñen por momentos, y sus ojos, que reían, son ahora un gran misterio. El olor a té se esfuma como espuma de cerveza, baja y deja solo un triste amarillo tierra. Una foto en blanco y negro sin colores ni concierto.
Alguien se ha robado la caja de los colores y la música, que triste y desafinada, cuenta cuentos en una bicicleta.
Escrita por la genial Eli.

En serio, das pena, has borrado mis comentarios mazo de emotivos. El niño que llevabas dentro ha muerto definitivamente. Guardemos un minuto de silencio por la felicidad, la risa, el entusiasmo de la juventud. Volvamos al rebaño, volvamos a seguir al pastor, volvamos a lo de siempre. Al aburrimiento de las costumbres, al dia tras dia, al eterno retorno del dia a dia.
Volvamos a no nacer.
1. Porque no me resigno a que de esta crisis sólo podamos salir agachando la cabeza, apretando los dientes y renunciando a lo que tantos años costó construir.
2. Porque no fueron ni los trabajadores ni los parados ni los profesores ni sus alumnos ni los médicos ni sus pacientes ni los pensionistas ni nuestros hijos quienes hundieron la economía. Pero sí son ellos, somos nosotros, los únicos que lo vamos a pagar.
3. Porque quiero un modelo fiscal donde cada cual aporte según su capacidad y cada cual reciba según su necesidad. Porque exijo ese “sistema tributario justo, inspirado en los principios de igualdad y progresividad” que me prometió el artículo 31 de la Constitución.
4. Porque la Constitución también me dijo que “la soberanía nacional reside en el pueblo español”, no en el Banco Central Europeo o en Wall Street.
5. Porque si hay dinero público suficiente para volver a rescatar a los bancos, a las cajas o a sus millonarios directivos, también debería haberlo para ayudar a esas familias hipotecadas que lo pierden todo porque no pueden pagar.
6. Porque las desigualdades económicas aumentan y me niego a que sea la eficacia, sin la equidad, el único patrón para medir el éxito de una sociedad.
7. Porque tal vez no sirva de nada. Porque tal vez nada vaya cambiar. Porque puede que sólo nos quede la protesta y la palabra. Pero lo que seguro que será completamente inútil es quedarse en casa y esperar sentado a que todo se solucione sin más.
Por estos siete motivos, y otros cuantos muchos más, este sábado 15 de octubre estaré en la calle para pedir al mundo un cambio global. Un cambio a mejor.
Fuente: escolar.net